miércoles, 27 de junio de 2012

PRESENTACIÓN DEL LIBRO


OCHO PIEZAS DE TEATRO BREVE

DE RODOLFO SANTANA




Por Reynaldo Disla.



Buenas noches:

Les presento Ocho piezas de teatro breve, libro de Rodolfo Santana, nuestro amigo aquí presente en el bautizo dominicano de este tomo que compila sus primeras obras de teatro. Cuatrocientas once páginas que contienen una Introducción en la que Rodolfo informa, principalmente, las razones de revisar y rediseñar sus obras, y las piezas La muerte de Alfredo Gris, El Ordenanza, Los Criminales, Algunos en el Islote, Elogio de la Tortura, La Farra, Babel, y Tiránicus.

Estos títulos evocan, en actores y directores, ensayos y presentaciones; piezas llenas de historia, escritas en el transcurso de 10 años, de 1961 a 1971.

Durante el bautizo dominicano de Ocho piezas de teatro breve. 
De izquierda a derecha: María Teresa Abreu, Reynaldo Disla, 
Rodolfo Santana,  Bernarda Jorge, Karina Noble e Iván García Guerra. 

La edición  de este volumen corresponde al Fondo Editorial de la Fundación para la Cultura y las Artes (Fundarte) de la Alcaldía de Caracas, con el apoyo del Gobierno del Distrito Capital. María Teresa Abreu, Gerente de Publicaciones de Fundarte, es la madrina de este bautizo y nos acompaña en esta Sala de la Cultura del Teatro Nacional Eduardo Brito de Santo Domingo, República Dominicana. Ella, además, se encargó del cuidado de la edición de Ocho piezas de teatro breve de Rodolfo Santana.

El autor, a quien se le dedica el VII Festival Internacional de Teatro de Santo Domingo, viene de la República Bolivariana de Venezuela, con su iniciativa generosa a darnos a conocer esta edición de sus primeras obras. Es un regalo que recibimos con alegría, los teatristas dominicanos. Aquí se ha apreciado su obra desde hace más de treinta años. Recuerdo a Danilo Taveras, actor y director de teatro, que una vez leía Nuestro Padre Drácula, obra de Rodolfo; llevaba el libro debajo del brazo, y no quería soltárselo a nadie: “Es mi autor favorito”, decía, justificando así su negación y evitando el riesgo de prestar el libro y perderlo. Ángel Mejía,  hace  más de 30 años, montó Tiránicus, una de la obras de este libro. Danilo Taveras, Germán Mejías y Basilio Nova, entre otros, han escenificado La empresa perdona un momento de locura. Aquí en Santo Domingo se han montado Nuestro Padre Drácula; El animador, en cuatro versiones de diferentes directores; Baño de damas la dirigió María Castillo en Nuevo Teatro, y, recientemente, Enrique Chao en Bellas Artes. La Muerte de Alfredo Gris fue estrenada en Santiago de los Caballeros por el Teatro Popular del Centro (TPC). Todos, gracias a  los dioses, montajes profesionales unos, y de altísima calidad estética, otros.   

Danilo Taveras,  Rodolfo Santana Salas y Ángelo Valenzuela.

Estas ocho obras mantienen su vigencia, su fuerza e impacto dramático primigenio. Las actualizaciones que en ellas hace Rodolfo, proporcionan refuerzos fundamentales. Esto de hacer pequeñas o grandes transformaciones a sus obras ya publicadas es un derecho del autor.  Una potestad que no obstruye los análisis e interpretaciones que de las reescrituras de estas piezas realicen teatrólogos o críticos de teatro. Sólo añade esfuerzo investigativo para los críticos. ¡Bien merecido lo tienen!  En algún lugar encontrarán editadas las primeras versiones de estas piezas, y juzgarán la pertinencia o no de algunos cambios. Rodolfo no es el primero que hace revisiones a sus obras publicadas. Hay ejemplos como los de Antón Chejov, quien hizo tres versiones de su monólogo “Sobre el daño que causa el tabaco”.  Un ejemplo más cercano es el de don Juan Bosch con los cambios y correcciones que realizó a su novela “La mañosa”, en diferentes ediciones; esfuerzo reformador, corrector y transformador reseñado detalladamente por Guillermo Piña Contreras, en su libro: “Arqueología de un mundo imaginario: La mañosa de Juan Bosch”.

Estas piezas de los años 60s,  hoy tienen igual o mayor impacto ante el público, por su actualización, que a veces consiste en simples retoques a varios diálogos.  La muerte de Alfredo Gris, por ejemplo, tiene pocas modificaciones esenciales. Por la actualización o reescritura en El Ordenanza aparecen o hay referencias a celulares, diarios o periódicos digitales, posibles inventos de ingeniería genética, o temas actuales como la agricultura hidropónica que vienen a cuento y sólo agregan vigencia a los viejos diálogos.  

Rodolfo Santana Salas.

Por estas páginas desfilan: Una cárcel de tonos oscuros, en la que Alfredo Gris duda de su inocencia y hasta justifica su condena a muerte, a la que es sentenciado sin juicio previo para cubrir a los verdaderos culpables.  La pequeña oficina de El Ordenanza, donde dos leguleyos compiten a muerte por un puesto de trabajo, y son sometidos a diferentes pruebas de selección de personal… El habitáculo o habitación especial de dos perversos, dueños de bonos bursátiles, y sus dos degeneradas esposas, que aprovechan la presencia de un ladrón para capturarlo y hacerlo partícipe de sus juegos orgiásticos, en Los Criminales. Un basurero donde vive Nadie, Lola y su compañero el profeta Bumajés al que Dios le entrega nuevos mandamientos manuscritos en una plancha de zinc, en Algunos en el Islote. Una sala de tormentos en la que un verdugo principiante recibe lecciones de un veterano torturador, y en la que los torturados “progresan” de ser martirizados con herramientas primitivas a recibir suplicios con instrumentos  brillantes, modernos y científicos, en Elogio de la tortura. Un sector en construcción de la Torre de Babel en el cual el Jefe de Cuadrilla de Cargadores de Piedra mata en defensa propia al Capataz de albañiles, y no evade el castigo aunque tiene la oportunidad de hacerlo, en Babel. Dos sometidos a la servidumbre, en diversos estadios de desarrollo social, por Tiránicus.  Y así, pasan estos escenarios sorprendentes, estas geografías reales que devienen en un mundo cruelmente poético, una ficción creada desde algún tornillo suelto en la mente de los caracteres o la metarealidad que algún poder invisible les construye.
 

El poder aplasta, destruye y se traga cualquier bondad que se asome.  Un poder que mueve los hilos alrededor y desde lejos.  Dos prisioneros tienen conflictos de espacio, de dominación, ¿quién será el jefe o preboste de la celda, en La muerte de Alfredo Gris?; o dos abogados compiten a muerte por obtener un empleo en El Ordenanza;  pero la solución final, y las contradicciones entre los personajes, no serán resueltas por ellos, sino por un poder invisible, del cual solo hay referencias o indicios; pero manipula las cuerdas del destino de los protagonistas. Ese poder omnímodo, lo encarnan, por ejemplo, el gordo Moncho en La muerte de Alfredo Gris y el doctor Espinoza en El Ordenanza.

Estas primeras obras de Rodolfo Santana reflejan a una sociedad cuyos dirigentes ocultos, o apenas visibles a través de sus maquinaciones, o muy visibles como en Tiránicus, sobreviven, junto a sus víctimas, en una sociedad caníbal, como la de El Ordenanza. En dicha sociedad, un hombre mecanizado, homogenizado y estandarizado, según un diálogo de Aníbal, sería un ente humano que “Formará parte de un rebaño productivo.  ¡Un ejército de técnicos y sirvientes que jamás de los jamases pensarán en reivindicaciones laborales o sindicatos!”.  Estas situaciones y la organización social que expresan pueden referirse a una geografía concreta o simbólica.  


Entre paréntesis: Es frecuente encontrar ideas, argumentos y situaciones originales de Rodolfo Santana, en películas de Hollywood. Este tema merece un estudio. En la mayoría de los casos parece un saqueo descarado de las creaciones del autor venezolano.  Una vez vi una película, cuyo nombre no recuerdo, pero como 20 o 25 años posterior a El Animador, de un televidente desquiciado que secuestraba a un productor de televisión para obligarlo a cambiar el comportamiento de su personaje favorito en una serie. The Game, 1997, protagonizada por Michael Douglas, dirigida por David Fincher y con guión de John Brancato y Michael Ferris; tiene una idea fundamental en su desarrollo argumental semejante al de El Ordenanza, de 1966. Las torturas sexuales de las esposas disfrazadas de momia egipcia y prostituta, ayudadas por sus esposos, contra el ladrón que pretenden incorporar a su orgía delirante sazonada de sadomasoquismo, en Los Criminalesescrita en 1966 y estrenada en 1971;  se emparenta con la famosa escena de violación de Pulp Fiction de Quentin Tarantino y Roger Avary, de 1994. Y otros ejemplos más. Cierro paréntesis.

Rodolfo Santana Salas durante el Taller de Dramaturgia 
impartido en Santo Domingo en octubre de 2001.

Este libro comprueba el talento dramático del aquel joven Rodolfo Santana Salas, que desde la década del sesenta del siglo pasado, colocó su obra, por su extraordinaria calidad y profundidad social y política, en muchos repertorios de grupos teatrales latinoamericanos y del mundo.  Y explica por qué se interesaron varios cineastas en llevar las historias de Rodolfo Santana al cine, como pasó con La empresa perdona un momento de locura, Los Criminales y Baño de Damas.  Desde muy joven, Rodolfo Santana es uno de los nombres clave del teatro venezolano; pertenece a esa pléyade de espléndidos dramaturgos que son: César Rengifo (el primero en escribir una pieza teatral enmarcada en la Revolución dominicana de abril de 1965, titulada Una medalla para las conejitas),  Isaac Chocrón, Román Chalbaud, José Ignacio Cabrujas, Gilberto Pinto; y más recientemente Néstor Caballero, Edilio Peña y Gustavo Ott.

Clausura del Taller de Dramaturgia impartido por Rodolfo Santana Salas 
en octubre de 2001 en Santo Domingo, República Dominicana.

Rodolfo Santana, además de autor galardonado con prestigiosos premios y reconocimientos en Venezuela y Latinoamérica, es apreciado por sus relevantes aportes al desarrollo de la dramaturgia latinoamericana y caribeña a través de sus enseñanzas, talleres superiores de dramaturgia y el ejemplo de su vida consagrada al teatro.  En República Dominicana ha impulsado la creación dramática a través de tres talleres de dramaturgia.  Talleres con resultados notorios en varios autores y autoras, entre ellos Ángelo Valenzuela, ganador del Premio Nacional de Literatura UCE, con su obra La peste de estos días, en 2001; y el Premio Nacional de Literatura Cristóbal de Llerena, con su obra La visita de un intruso, en 2010.  Este ejemplo, sólo para demostrar, que sus enseñanzas dan frutos, como sus libros hacen germinar, en todo el mundo, extraordinarias experiencias para los espectadores.

Rodolfo Santana Salas y Reynaldo Disla, en Guanare, Venezuela.

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Martes, 21 de junio de 2011
Sala de la Cultura del Teatro Nacional Eduardo Brito.



domingo, 3 de junio de 2012

PRESENTACIÓN DEL LIBRO de LUIS FAUSTO DISLA


VIDA Y HEROÍSMO DEL MÁRTIR DOMINICANO RUFINO DE LA CRUZ 50 Años Después


Rufino de la Cruz Disla

Por Reynaldo Disla


Buenas tardes.

Este libro fue escrito con una multitud de voces dolientes que susurraron en las noches narraciones amargas, muy crueles; al niño asombrado que las escuchaba, se les impregnaron como su propia respiración.

Un relato de oprobio, que nunca se olvida. Era sobre un cuádruple asesinato político; y una farsa burda de accidente, el recurso cobarde de un tirano para deshacerse del problema capital que lo desvelaba. El niño, luego joven, después adulto, vivió estas historias alrededor, dondequiera, como atmósfera de sí mismo.  

Estudió Administración, Economía y Contabilidad y se hizo licenciado en Finanzas; se especializó en Contaduría  Pública, Control Interno y  Auditorías de varias clases. Se casó y tuvo hijos; y, mientras tanto, las historias de terror que escuchó y palpó cuando niño se hicieron universales; aparecían en ensayos, biografías, novelas, artículos…; en obras de teatro, en varias películas de ficción y en documentales. Pero uno de los héroes de aquella tragedia que le contaron, en esas narraciones escritas o audiovisuales era despachado en un párrafo o dos escenas; y además, se le trataba como a un actor circunstancial, que por azar del destino halló la muerte junto a las heroínas protagonistas; Rufino no era ni siquiera personaje secundario, sólo un actor de reparto, casi tirando a extra.  El niño, joven, luego adulto, sabía, como muchos y muchas por aquí, que era un tratamiento injusto a un héroe de mayores dimensiones.

Boda de Rufino de la Cruz Disla y Delisa  González Pantaleón. 
Conuco, Salcedo, República Dominicana. 19 de diciembre de 1948.



Y con la paciencia del auditor, emprendió una investigación que duró muchos años; siguiéndole los pasos a Rufino Antonio de la Cruz Disla. Y confirmó y descubrió inquietantes detalles de la vida de Rufino, su carácter, sus acciones sociales y políticas, cómo pensaba, qué rechazaba, qué pretendía en la vida;  pensamientos en armonía con su práctica social; y algo más —que ningún historiador pudo mencionar—: Rufino tenía ideales democráticos.

Y después de recopilar innumerables testimonios, confrontar afirmaciones y negaciones de varias fuentes, desandar los caminos por los que anduvo Rufino y las muchachas; arribó a este libro que desde hoy circula, con nuevos datos y aclaraciones de certidumbres torcidas por la ignorancia o la repetición de clisés establecidos sobre el personaje. Al final, la estatura heroica de Rufino ascendió antes los ojos del investigador: una imagen renovada, de cuerpo entero, en este libro biográfico-testimonial que nutre la historiografía dominicana.

Aquí, en este volumen, descubriremos, además de nuevas fotografías de Rufino y su familia: su afición por la música, su breve entrenamiento militar, su voz de locutor y su carácter franco, amable, caballeroso; su propensión al buen vestir y a los perfumes; los deportes y juegos extremos que practicó; su valoración de la amistad; su actitud antitrujillista (presente en varios testimonios); sus diversos campos de trabajo… y que NO era, definitivamente, un chofer; sino un chofer comprometido, solidario, valiente, de excepcionales condiciones morales; que no manejaba el jeep solamente porque era chofer experimentado; sino porque era Rufino de la Cruz; él único capaz de cumplir aquella misión secreta que Luis Fausto Disla revela en este libro.

Misión secreta que algunos sabían. Como el francomacorisano Ramón Antonio Ferreras, El chino Ferreras (biógrafo de las Mirabal), quien en fecha tan temprana como el 25 de noviembre de 1961 escribió lo siguiente en el periódico 1J4: "Rufino Cruz Disla sigue impertérrito ante las amenazas a las Hermanas Mirabal... Nada ni nadie le hace desviar de la misión que se ha impuesto y, siempre gentil, hace menos amargos los días que les quedaban por vivir a Las Mirabal, con su charla siempre amable y su disposición a servir sin reservas a las mártires de la libertad". 

Delisa González Pantaleón, Rufino de la Cruz Disla y 
la única hija del matrimonio: Miledys de la Cruz González


Esta obra histórica-testimonial, no sólo pertenece a Luis Fausto Disla Cruz, o sea, a Nego; sino también a numerosas voces que él oyó cuando niño y siguió escuchando hasta estos días.   Este libro pertenece a Conuco, San José de Conuco, Ojo de Agua, El Corozal, Tenares, a Salcedo…; en fin, a toda la Provincia Hermanas Mirabal, desde donde se aporta ésta versión cercana y más completa sobre un héroe dominicano, que por sus características y méritos, alcanza relieves universales.  

La lectura de  VIDA Y HEROÍSMO DEL MÁRTIR DOMINICANO RUFINO DE LA CRUZ 50 Años Después, atrapa, mantiene atento; un testimonio que transcurre espontáneo, en clave de oralidad sintetizada; cuadros breves e intensos que crecen hacia un clímax prolongado y tenso: las exequias del mártir.   La narración atrapará hasta a quienes conozcan esta historia; porque serán sorprendidos por novedosas y dramáticas revelaciones testimoniales.

Deseo contarles que yo suponía con Rufino un parentesco lejano; impresionado descubrí (en este libro), que la madre de Rufino era mi tía Doña Martina Disla Tejada, hermana de mi padre, y que Rufino, era mi primo. Pero hay hechos más interesantes, que ése tan personal:  Rufino había acompañado a Minerva en otros viajes a Puerto Plata.  Rufino no fue velado, ni enterrado, junto a las Mirabal. La descripción y el estado en que llegó el cadáver de Rufino a su casa, afirma lo grosero del asesinato: Un descubrimiento del cual se desprenden varias hipótesis de cómo fue la muerte de Rufino y su posible resistencia y lucha antes de que lo mataran. La celebración de los calieses, en pleno duelo de la comunidad; y muchísimos datos relevantes, que sólo un investigador nacido y criado en estas tierras pudo desentrañar con tanta propiedad, vivencia y dramatismo.

Los detalles del velatorio y posterior entierro de Rufino de la Cruz, relatados pormenorizadamente, culminan el drama. Los comportamientos, actitudes, guiños, secretos y ritos ceremoniales, logran evidenciar ante el lector los rasgos esperpénticos de la tiranía.

Se destacan los diálogos auténticos, que el autor transcribe en todo su valor testimonial. De hecho, este libro puede adaptarse con mucha garra dramática a un guión cinematográfico o espectáculo teatral.

El autor destaca los rasgos sobresaliente de Rufino como héroe nacional: su extraordinaria valentía, su firme decisión de acompañar a las Hermanas Mirabal en varios viajes con el riesgo seguro de perder la vida; sus ideales democráticos; su paso de opositor silente a opositor activo y visible a la tiranía;  su relación con el 14 de Junio; su histórico SÍ a Minerva del cuál no se apartó a pesar de la presiones de allegados, entre otras acciones y actitudes notables.  

Dedicatoria de una foto, de puño y letra de Rufino de la Cruz.


El autor, reclama, además, a medio siglo del asesinato de Rufino, que se valore su calidad de héroe en su cabal dimensión: su martirio junto al de las Hermanas Mirabal impulsó un proceso de transformaciones en República Dominicana. 

En fin, que recomiendo la lectura de este libro; jamás porque lo haya escrito mi sobrino, o sea, Nego; sino porque es una biografía-testimonial excelente. Y tampoco lo recomiendo porque trate sobre mi primo Rufino; sino por su dimensión heroica, y porque la vida y carácter de este mártir puede servir de referente a la juventud dominicana.

Luis Fausto Disla, autor del libro, junto a su familia 
durante la puesta en circulación en Conuco

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Conuco, 24 de septiembre de 2011.
Día de Nuestra Señora de las Mercedes.



jueves, 17 de mayo de 2012

Transcripción. Juan Bosch, 1985


JUAN BOSCH 

HABLA SOBRE TEATRO


 Juan Bosch y Reynaldo Disla. Salón en Hotel Lina. Febrero 1985.

PALABRAS DE JUAN BOSCH CON MOTIVO DEL HOMENAJE A 
REYNALDO DISLA, GANADOR DEL PREMIO 
CASA DE LAS AMÉRICAS DE TEATRO EN 1985

JESÚS SOSA:
Ahora, para hablarnos un poco, porque tiene otros compromisos esta noche, el profesor Juan Bosch, ex presidente de la República y presidente del Partido de la Liberación Dominicana, va a explicarnos un poco la importancia del Premio Casa para todos los jóvenes artistas, para los artistas de América Latina… Don Juan. (Aplausos.)

 Jesús Sosa y Reynaldo Disla.

DON JUAN BOSCH:
Efectivamente los premios, no el premio, sino los premios de Casa de las Américas, se han convertido en una versión latinoamericana, pero fundamentalmente caribeña de lo que es a nivel mundial el Premio Nobel.

Ahora bien, no se escribe para ganar un premio (ni una novela, ni una poesía, ni una obra de teatro), se gana un premio porque se escribe. Es decir, que uno  puede salir con una escopeta a dispararle a una paloma o a una tórtola; pero para hacer eso no se necesita ni siquiera ser cazador, con tener el capricho de salir por un campo cercano a disparar…, bueno, pues se puede cazar una paloma, una tórtola (ya no una guinea, porque las guineas se las cogen vivas, ni una gallareta porque las gallaretas ya no vienen al país, el peso está demasiado barato, el dólar demasiado caro para ellas venir al país); pero no se le dispara a un premio como se le dispara a una tórtola o a una paloma. El escritor se va formando a partir de una capacidad que él mismo se descubre de interpretación de los hechos humanos, históricos o actuales, realizada esa interpretación con un poema o con una novela, con un libro de cuento, con una obra de teatro…

Juan Bosch. Palacio de las Convenciones. La Habana. 1985.

A mí no me sorprende que Reynaldo se haya sacado el premio de la Casa de las Américas, como no me sorprenderá el día que se lo saque Manuel Chapuseaux; pero lo que sí es sorprendente para mí es que en la República Dominicana se estén dando escritores de esa categoría, capaces de alcanzar un premio Casa de las Américas, que como he dicho es en el ámbito del Caribe una versión del Premio Nobel a nivel mundial. Y que se ganen el premio precisamente en obras de teatro.  ¿Por qué me sorprende?, porque en nuestro país no hay tradición de escribir teatro. Nuestro país era tan pobre, ha sido tan pobre hasta los primeros 20 ó 25 años de este siglo, que no podía crear un público aficionado al teatro capaz de pagar el costo de un arte tan caro como el teatro. Porque el teatro ha sido siempre una diversión, que a la vez enseña, cara. ¿Debido a qué? Debido a que se ejecuta, se realiza primero a través de la creación de una obra de teatro, después a través de la actuación de actores y actrices; pero el teatro requiere, además de actores y actrices, requiere gente que organice el escenario, que sepa usar la utilería, que sepa usar las tramoyas, que sepa usar las decoraciones, hacerlas y usarlas. Y los actores requieren tiempo para aprender su arte y tiempo específico en cada caso para aprender a ejecutar una obra determinada. Y todo eso requiere inversión en dinero.

Reynaldo Disla y Manuel Chapuseaux actúan en el Foro de la Cultura. 1984.

Hasta hace relativamente poco tiempo, todavía en los años en que yo era joven (ustedes dirán: Pero de eso hace ya más de medio siglo, y es verdad) (Risas.), pero todavía para esa época y hasta un poquito más atrás, las compañías teatrales estaban formadas por muchas personas. Las obras teatrales, incluso las musicales como las óperas, requerían la actuación de cantidad de gente. Por ejemplo en Aída, en la Aída de Verdi, yo recuerdo cuando la vi por primera vez en Europa hace muchos años, cuando yo era joven, que era multitud la que pasaba por el escenario. Hoy, ya de cierto tiempo hasta esta parte, se hacen obras con muy pocos actores, a menudo con dos actores nada más. Y en eso nosotros tenemos ya muestras aquí en este país, ¿por qué?  Porque cuantos menos actores participen en la actuación, en la ejecución de una obra, menos costosa es esa obra teatral. Aparte de eso se necesita la instalación del teatro propiamente dicha, y aquí no había público para pagar las actuaciones de obras teatrales que podían venir de España o de Cuba. Yo recuerdo de joven que los padres del compañero Hamlet Hermann vinieron aquí trayendo una compañía teatral cubana. Y como la ciudad más próspera en el primer cuarto de siglo, tal vez en los primeros 30 años de este siglo, era San Pedro de Macorís, a San Pedro de Macorís venían compañías de ópera y de zarzuela y de teatro, que a menudo no llegaban a la capital y si llegaban hacían una o dos representaciones nada más, porque aquí no había público para pagar lo que se necesitaba o lo que se requería para dar esa obra de teatro. De manera que por pobres, por pobres, nosotros no pudimos formar una tradición teatral. Y, sin embargo, ahora irrumpen así de una manera, con una fuerza vital tan extraordinaria que se reconoce en la Casa de las Américas. Y los premios de la Casa de las Américas no se regalan, ni se dan a ojos ciegas, ni se dan tampoco por razones políticas, sino por razones de calidad. Pues irrumpen, y aquí está Reynaldo, homenajeado por ustedes esta noche por haber recibido ese premio. Y tenemos en el porvenir, con toda seguridad, otro premio para Manuel Chapuseaux.* (*Manuel Chapuseaux, como para atribuirle dones proféticos a don Juan Bosch, ganó al año siguiente —1986— el Premio Nacional de Didáctica Manuel de Jesús Peña y Reynoso por su obra: “Manual del Teatrero”, nota de R.D.) Y tendremos con seguridad también premios de actuación de teatro y ya tenemos actores y actrices de mucha categoría. Cecilia García, por ejemplo, es una vedette que podría presentarse en cualquier gran capital del mundo y tendría éxito; y Cuquín Victoria, o Milton Peláez o Freddy Beras Goico; pueden también, en cualquier lugar donde se hable la lengua española, estos serían actores de primer orden.

Doña María Ortiz, Juan Bosch, Reynaldo Disla y Manuel Chapuseaux.
Casa del poeta Abelardo Vicioso. Marzo 1985.

Es sorprendente diríamos, pero ¿cómo se explica eso? Se explica porque aunque sigamos siendo pobres (pobres si vemos nuestra miseria desde el punto de vista de la cantidad enorme de dominicanos que se levantan sin saber si van a comer un día y se acuestan sin saber si al día siguiente van a tener con qué desayunarse); sin embargo, la población ha crecido tanto que siempre hay, ahora, una minoría, pero una minoría capaz de financiar con sus entradas en los teatros y en los cabarets y con la compra de televisores el costo de la actividad teatral. En la capital hay ahora un millón 500 mil habitantes, seguramente más en este momento; el último censo dio un millón 500 mil habitantes. Bueno, pues de ese millón 500 mil habitantes si hay 10 ó 15 mil con capacidad de pagar la boleta del teatro porque le gusta el teatro, es suficiente para que tengamos una actividad teatral ya de un nivel apreciable. Tan apreciable que un autor salcedense, porque no es ni siquiera capitaleño… Y en Salcedo hubo dos mujeres que escribieron para teatro a principios de este siglo; de manera que puede haber, en el caso de Salcedo y de Reynaldo, puede haber una explicación para el hecho de que él se haya dedicado al teatro. A lo mejor percibió de niño en Salcedo, ¿verdad?, la significación, la importancia del teatro a través de una de las obras de esas dos mujeres que escribieron para teatro. Y en el caso de Manuel Chapuseaux, bueno, pues vive en la capital y en la capital, como dije, ya hay, ya hay bases. No para tener un teatro de la categoría que lo tiene por ejemplo La Habana, o que lo tiene México o que lo tiene Caracas, pero ya hay teatro.

Freddy Ginebra entrega dos libros a Juan Bosch y a Reynaldo Disla. 
Casa de Teatro. Marzo 1985.

Yo creo que nosotros debemos marcar en la historia de la cultura de nuestro país la fecha del premio de teatro de la Casa de las Américas a Reynaldo Disla como una fecha importante, una fecha que significa mucho para nosotros, porque con toda seguridad ese premio va a estimular a niños que tal vez ahora tengan cinco años, seis años, siete años, que sin darse cuenta, sin percibirlo conscientemente se sentirán inclinados a tratar de ganarse un día otro premio de las Américas con una obra de teatro.

Yo quiero pedirles a todos ustedes un aplauso de pie para Reynaldo Disla y para doña María, la mujer de cuyo vientre nació Reynaldo. (Aplausos.)

Doña María Ortiz y Juan Bosch. 

AUDIO DE "JUAN BOSCH HABLA DE TEATRO" en YOUTUBE:
http://www.youtube.com/watch?v=_NGtdaptnns


lunes, 30 de abril de 2012



ANTONIA BLANCO MONTES 

(Entrevista realizada en 1996, en la residencia de doña Antonia Blanco Montes. 
Santo Domingo, República Dominicana).



Antonia Blanco Montes laborando en la Escuela de Arte Escénico
 (hoy Escuela Nacional de Arte Dramático).


                                                                 Reynaldo Disla

Durante la entrevista su sonrisa también era una respuesta inefable.

—Yo estoy bien de todo, menos de mi memoria; los asuntos pasados los recuerdo mejor que los recientes...  Vivíamos en Madrid, dejamos nuestra familia allí; habíamos comprado un apartamento y lo dejamos; Emilio no quería vivir bajo la férula de Franco. 

— En España Emilio tenía una escuela de teatro, como afición; trabajaba en una compañía de seguros: Unión y Fénix Español. Emigramos porque en España Emilio no quiso vivir bajo la dictadura de Franco. Muchos emigraron por esa razón.  Estuvimos en Francia un año y pico arreglando el viaje para venir aquí... Nos gustaba, teníamos unos amigos que vivían aquí y estaban muy encantados, nos apetecía venir a este país. Llegamos en 1942.

—Sí, Emilio participó en la guerra civil. Fue una lucha en Madrid para impedir la entrada de Franco. No estaba asimilado, era uno más, era de la reserva; no lo recuerdo con armas en las manos, pero sí, creo, con alguna sencilla...

—Emilio murió a los 42 años. Ese fue el desastre de mi vida. Él empezó a hacerse un hombre aquí; trabajó siete años, murió en el 49, y como tú dices: dejó huellas... En Madrid tenía la Escuela de Arte Escénico Jacinto Benavente, me parece que era el nombre.  La de aquí se llamó así: “Escuela de Arte Escénico” y arrancó bien en un edificio en la calle el Conde, el Edificio Diez, noveno piso. Sólo él daba clases: Dicción, vocalización, proyección de la voz... No es fatuidad, pero nosotros introdujimos el teatro aquí.

—Al principio Emilio estaba totalmente dedicado a su escuela. Con él no participé como actriz. Empecé a pertenecer a Bellas Artes después de la muerte de mi esposo. Carmen sí, era secretaria de él en Bellas Artes y actriz.

—Carmen Rull, vino con nosotros cuando emigramos. No era actriz en España, la descubrió mi esposo aquí, ¡pero una actriz!, lo mismo hacía un drama que una comedia. No éramos una compañía de teatro cuando llegamos. Emilio, en España, dirigió teatro de afición.

—La escuela del Edificio Diez la recuerdo primero como una escuela privada y luego oficializada. La escuela y el teatro estaban fusionados, se llamaban: “Teatro Escuela de Arte Nacional.”  Lucía Castillo o Franklin Domínguez pueden recordar las fechas más exactamente.

Hola, Franklin. ¡Qué tal, Reynaldo! Una pregunta. ¡Cómo no!, dice Franklin: “La Escuela de Arte Escénico fue creada mediante decreto del 19 de mayo de 1946 junto al Cuadro de Comedias de Bellas Artes, que era dependencia del Conservatorio Nacional de Música; si quieres en casa tengo el número del decreto para traértelo. Sí, Franklin, creo útil insertar ese insigne número: 3545. Dime, Franklin, ¿de qué murió Emilio Aparicio?  Murió de cáncer en la próstata. ¿Estás seguro?  Lo puedo asegurar, Reynaldo, porque aquella vez fue cuando me enteré de que la próstata existía. Franklin, hazme un retrato de Emilio Aparicio: Cómo no: “Emilio Aparicio: brillante actor, sobretodo radial, con una voz extraordinariamente poderosa, vigorosa, llena de modulaciones e inflexiones fuera de serie. Buen maestro. Sabía enseñar y sacar de sus alumnos. Exigente. Un bello ser humano, agradable conversador, buen amigo, atractivo en su conversación.”  Y agrega: “Emilio Aparicio fue el primero en hacer radioteatros...”

Emilio Aparicio Martínez.

—Doña Antonia, hay una anécdota que usted no desea que la diga, pero que la retrata como una dama excepcional, el incidente con Petán Trujillo.

—No lo menciones. La única cosa desagradable que he tenido en este país ha sido eso. Ellos se creían los amos... Estoy feliz de tener dos hijas dominicanas y cinco nietos dominicanos. La gente me acogió muy bien, quedé viuda y con dos niñas pequeñitas, me fui rehaciendo. La casa Sterling nos apoyó los programas de radio y televisión.  Entrando a la emisora y recién muerto mi esposo, todavía el dolor de la muerte del él... yo iba vestidita de negro... y lo único que se le ocurrió decir fue: “¡Qué buena está la viuda!”...

—Su contestación, doña Antonia, fue una mirada desafiante.

—Sí, lo miré así.  Lloré ese día, porque yo sentí que no me iban a respetar... Todos en mi trabajo me consolaron, ¡me dieron besos!

— ¿Y su programa de radio?

— “De mujer a mujer” por HIZ de 4 a 5 de la tarde, duró siete u ocho años. Daba consejos para las jóvenes, jovencitas, casaderas, amas de casa. Eran temas precisos. Las muchachas me pedían consejos, yo vivía contestando cartas.

—¿Y su papel como Manuela Diez en el teatro?

—Me encantó representar a Manuela Diez y lo hice con mucho gusto.

—¿Se siente dominicana?

—¡¿Cómo que si me siento?! ¡Yo soy dominicana!
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sábado, 18 de febrero de 2012

LA NOVELA DEL OTRO


Por Reynaldo Disla


Los cuentos del Otro, de Giovanny Cruz Durán, me parece una novela corta. Se ajusta, a pesar del autor y de quienes lo califican como libro de relatos, al significado de la palabra novela, en sus dos primeras acepciones: “Obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres”. Y: “Hechos interesantes de la vida real que parecen ficción”. (1)


Cada relato se enlaza al universo de la novela a través del cronista, presente en todas las aventuras de manera directa o indirecta: el Giovanny adulto, autor y narrador, inserta sus visiones de niño y adolescente, ligándolas. Un paisaje unificado por el niño-adulto relator, compuesto principalmente de Nagua, Las Calderas y un poco del Caimito de Moca. Los miembros de la familia circulan por todo el libro: el padre (la Sierpe), la madre y los hermanos, personajes que ensamblan la fábula. El panorama general es un pedazo de Historia viva, de leyendas, de la vida cotidiana de un pueblo chico, espectáculos autobiográficos rescatados de la memoria reinventada, como toda evocación.


Los recuerdos de la infancia, relatados por el protagonista-narrador desde el presente, forman un cuerpo narrativo único que construye la historia del personaje central desde finales de la tiranía de Trujillo hasta los primeros años de la dictadura de Balaguer. Es decir, el lector seguirá, relato a relato, la acción creciente y las peripecias de una familia, sus mudanzas y vicisitudes, sus tiempos de abundancia y de escasez; la evolución de un niño de cinco o seis años de edad, hasta su bautizo sexual a los 13. La noción de novela, por lo tanto, se cumple; y cada episodio es un fragmento de ella.


Conviven mitos, leyendas, creencias, costumbres, tradiciones; relato dentro del relato, y múltiples formas —como en toda novela— lanzadas por el guiño cómplice, sincero, del narrador que rememora con regocijo, nostalgia e ironía los años radiantes de la infancia. Una narración clara, fluida, salpicada de expresiones dominicanas, que podrán transitar con placer lectores novicios o veteranos, estudiantes y catedráticos, buceadores de profundidades o despreocupados nadadores de aguas superficiales aunque inquietas.


Como en el drama, los personajes manifiestan sus esencias a través de la acción: lo que hacen, hablan y piensan. Algunas psicologías dibujadas apenas en sus rasgos básicos; pero con trazos tan fuertes y precisos que las convierten en caracteres sugestivos, escapándose de ser figuras esquemáticas, tipos o estereotipos, tan frecuentes en narraciones sobre pueblos pequeños y sus pintorescos personajes. El protagonista-narrador sí se retrata de cuerpo entero, logrando una extensa riqueza de matices a través de sus visiones de niño, sus aspiraciones, conflictos, anhelos y travesuras. Adopta la novela la forma autobiográfica, de modo predominante, con testimonios que se propagan del narrador al autor, del autor al narrador, de la ficción a la vida real y viceversa.


Invito a saborear La novela…, digo, Los cuentos del Otro; que intuyo como novela breve fundamentándome en sus episodios unificados por un protagonista que irrumpe y se desarrolla, junto a su familia, a lo largo del discurso narrativo; la conjunción de formas diversas en episodios que configuran un solo corpus narrativo, provocando la noción de novela; y la conformación de paisajes comunes, fondo social y antropológico donde crece la historia de un niño hasta amanecer a la pubertad (un periodo de 7 años, me parece, número cabalístico… ¡Hum!) Claro, empecé a leer un libro de cuentos, pero muy al principio del camino, hasta el final, permanecí convencido de que leía una novela. Y al terminar la última página la confirmé como tal, una de las lecturas posibles.


Esta novela corta, que leí con deleite; entró a la parentela de relatos literarios y cinematográficos que recrean las memorias de la infancia —María, Dublineses, La Mañosa, Por el Camino de Swann, Los Cachorros, Amarcord, The Wonder Years, Cinema Paradiso, y algunos más que no recuerdo— y me ha animado a concluir mi narración Recuerdos de Villa Alta, que tengo detenida hace más de quince años. Será mi reto evitar la influencia del excelente libro del amigo Giovanny Cruz o del Otro, o sea, de Nyvangio Zurc.
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(1) DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA - Vigésima segunda edición. Real Academia Española. 
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Cruz Durán, Giovanny. Los cuentos del Otro. Alfaguara, 2011.
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LA REVOLUCIÓN DE LOS PAYASOS Y LOS PEDOS



Disla, Reynado. Los volcanes de Manflota. Santo Domingo: Alfaguara, 2006. Ilustraciones de Kilia Llano.

Dice Luciana Murzi


Un volcán no es para nada silencioso, sino todo lo contrario. Grita, se impone, irrumpe descara-damente y con ímpetu. Su periodicidad no puede preverse: simplemente ocurre. Pero ¿quién puede negarle al volcán su inesperada explosión de gases? Empresa imposible desde el vamos. Y menos que menos si se trata de un volcán-payaso-gobernador...

Los volcanes de Manflota es la evocación de un tiempo pasado, de la infancia de la República Payasesca. Y tiene un comienzo prometedor: “Yo, la cotorra Erudita, aseguro que doscientos años atrás, el grandísimo payaso Poporón, gobernador de la isla de Manflota, se tiró un peote en el regio palacio”.

Sí, se largó un peote, un cuesco, un gas, un cuete, un pedito (no tan chiquito, como después se irá viendo).

En los tiempos monárquicos de la isla de Manflota, soltar un viento en público estaba prohibido. Por eso el gobernador se desentendió de la autoría y acusó a un pobre payaso que nada tenía que ver con el asunto hasta conducirlo a la horca.

A partir de la falsa incriminación, se inician las rebeliones de los débiles y sometidos payasos, las intrigas, los engaños, la furia del monarca, las persecuciones y, finalmente, la caída de este hasta el fondo de la tierra y de la trampa.


Engatusado por el trapecista Capitán Pepe (cuñado del payaso injustamente condenado a la hora), el gobernador Poporón llega a la Cueva de los Conejos Mágicos y queda encerrado en su laberíntico interior. Ahora el payaso déspota vive allí con sus soldados.

Y, cada tanto, desde las profundidades subterráneas ascienden gases descomunales, que no son otra cosa que los peotes que el ex gobernador sigue produciendo en su exilio tierra abajo.


Recurriendo a las reglas de composición de la leyenda, la cotorra narradora se atreve a contar lo que en el momento de los hechos no podía ser contado. En el cuento del reconocido dramaturgo dominicano Reynaldo Disla, del hecho al dicho dista un tiempo enorme, unos doscientos años. Una época recuperada y narrada con un lenguaje original y divertido, un lenguaje que combina la lógica payasesca y teatral.

Antes, en los tiempos monárquicos, el acto de tirarse un cuete en Manflota era motivo de censura y el incumplimiento de esa prohibición se condenaba con la muerte.

Ahora, en los modernos tiempos de la república, el pedo se naturalizó, literalmente se naturalizó: se transformó en la erupción de los volcanes.